En un día distinto

En un día distinto, diferente y nuevo, donde el miedo nunca andaba lejos, volví a darme cuenta de lo injusta que es la vida para quien menos se lo merece.
 
Era muy difícil ver el brillo de sus ojos puesto que la verdad de sus lágrimas prevalecían tanto de día como de noche, aunque sus pocas sonrisas merecían la pena verlas y oírlas.
 
Tenía que proponérselo y conseguí que al día siguiente me volviera a conceder horas para poder conocerla mas y disfrutar de su compañía, porque el tiempo es voraz cuando se quiere pausarlo y la madrugada, motivo de viajes a distintas casas, se acercaba a pasos agigantados.
 
Por culpa de las personas que le quitaron el disfrutar de la adolescencia tenía que ganarme en poco tiempo muchas y muy difíciles cosas. Amistad y confianza eran las primeras metas para poder desencarcelar su interior e intentar que su ilusión volviera a nacer. Algo difícil para mi, pero mas aún para ella y que, sin conseguirlo, difícil le sería salir de esa rutina que la dominaba y permitirla seguir disfrutando de su vida.
 
No quiero decepcionarla ni sentirme decepcionado pero, puestos a elegir, prefiero que sea lo segundo antes que lo primero.
 
A este abuelo del DYC, del conducir de manera ilegal y que ahora escribe fuera de horas nocturnas le gustaría una estabilidad al lado de una mujer que, como a ella, necesite comprensión, entendimiento, naturaleza, cariño, diversión sana… y amor. Difícil. Aun a sabiendas de que el verdugo de la felicidad y el demonio del fracaso era lo que yo veía en el segundo plano de cualquier espejo, creo que los dos lo hemos intentado a cientos que cuando el corazón se rompe tantas veces y el amor se parte en tantas ocasiones se llega a preferir el malestar estable de la soledad. Siempre puede ser un error si no se da una nueva vuelta pero la tranquilidad es segura. Siempre el error puede ser no dar una nueva vuelta y a mi me gusta caminar. Y nos pusimos a caminar.

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